Una joven adolescente de un municipio de La Libertad, sobrevivió al abuso sexual que sufrió con 12 años de edad. Como parte de un programa que Plan Internacional pone en marcha, el apoyo psicológico, físico y económico son herramientas que brindan una esperanza de superviviencia y superación ante abusos de este tipo en El Salvador.
Adela (nombre cambiado por protección de identidad), a sus 16 años ha tenido que aprender a ser madre soltera y trabajar para su hija. Fue abusada sexualmente durante un año cuando a penas tenía 12 y quedó encinta, sin tener idea de cómo ese episodio cambiaría su vida.
Tras superar los traumas, la discriminación y la incertidumbre, ahora se dedica a cultivar hortalizas y verduras, para llevarlas a la plaza del pueblo y venderlas, con eso no solo mantiene sus sueños de superarse, también ayuda a la economía de su familia y a la construcción del sueño de su hija.
Desde chica le gustaban las ventas, su abuela hacía tortillas y Adela recorría las pequeñas calles empolvadas de su comunidad para venderlas, junto a sus hermanos.
Entre la escuela y la venta de las tortillas su vida transcurría todos los días con la ilusión de aprender a leer bien y volverse más diestra con las cuentas, ya que pensaba poner una pupusería para que el negocio familiar de las tortillas creciera.
Descuido y alcohol
Rosario (nombre cambiado también por protección de identidad), la mamá de Adela, aun siente remordimiento por lo que le pasó a su hija. Cree que de no haberla dejado sola tanto tiempo, cuando trabajaba, habría podido evitarse que fuera una víctima más en la lista de los casos de abuso sexual que a diario sufren muchas niñas de la zona rural del país.
Un día cuando salió a vender las tortillas con su hermana, un muchacho que vivía en la comunidad vecina, sin decirle nada se la llevó a la fuerza. Adela recuerda que estaba ebrio y que se la llevó a un lugar solo, entre los matorrales, “me agarró a la fuerza, me jaló y…”, recuerda la niña y entristece.
“En el pueblo los cipotes empiezan a tomar desde bien chiquitos y cuando van creciendo y se ponen bolos dan miedo… Me amenazaba y me decía que iba a matar a mi mamá, yo tenía miedo”, dice Adela.
“Yo me di cuenta hasta que una hermana de ella, una vez que iban a comprar, me dijo que el hombre le pegó fuerte en la cabeza y se la llevó, la niña vino asustada…” dice la mamá.
Un año después…
Rosario se dio cuenta de lo que sucedía cuando otra de sus hijas llegó asustada a casa, contando que “un hombre” se había llevado a su hermana. Antes de que saliera a buscarla, Adela llegó, pero su madre no se atrevió a preguntar qué le pasó.
Al siguiente día, mientras Adela se cambia, su madre vio un golpe que tenía en la espalda, ambas rompieron el silencio. La niña contó lo sucedido a su mamá, pero ya estaba embarazada, tenía cuatro meses de gestación.
Rosario, la madre, no dudo en denunciar al agresor que abusó de hija, pero como era un adolescente de 17 años, solo pasó unos meses detenido en una correccional y fue procesado como menor de edad.
Adela tuvo que irse de casa, su familia no quiso exponerla a la discriminación, a la burla, ni al escarnio público, como suele suceder con las niñas que han sido abusadas y que resultan embarazadas. Su madre no quería que nadie la acusara de haber tenido la culpa.
Las dudas y la desesperanza llegaron, la chica de 12 años, estaba más confundida que nunca, no terminaba de comprender, pero sabía que todo estaba mal, “ella me decía que ya no quería vivir, se puso bien triste y siempre que la iba a ver me decía que ya no tenía ganas de vivir”, dice Rosario.
Un año lejos de casa
Adela dio a luz a una niña, quien le devolvió las ganas de vivir. El apoyo de su familia fue determinante, nunca la dejaron sola. El período del embarazo y el primer año de su bebe, lo pasaron en casa de una tía, pero siempre con la atención y el cuidado de su mamá.
Su hija crecía y con ella las esperanzas, las ganas de salir adelante y el deseo de darle una vida diferente a la que ella tuvo para su hija. Aquella ilusión de tener una pupusería y mejorar sus capacidad para “la venta” regresaron.
Cuando su hija cumplió un año y medio, regresó a la casa, con sus hermanos y sus padres, la nueva integrante de la familia llegó con nuevas esperanzas para Rosario y para Adela.
“Quiero aprender a leer y a escribir, para saber qué dicen las facturas que tengo que pagar, además quiero aprender para poner mi negocio y para darle un mejor futuro a mi hija, quiero que ella tenga lo que yo no tengo”, asegura Adela.
Una nueva esperanza
De regreso en casa, Adela había cambiado de actitud, gracias a su hija, había recuperado además las ganas de seguir viviendo y también llegó la oportunidad que necesitaba.
El proyecto “Rescatando niñas y mujeres jóvenes excepcionalmente discriminadas” ejecutado por Plan Internacional, acogió a Adela, asistiéndola con atención médica, psicológica y además con un apoyo especial para que desarrollara sus habilidades de comerciante.
Recibió capital semilla para sembrar en media tarea (poco menos de media manzana de terreno), en la que cultiva pipianes, frijoles frescos, chiles verdes, pepinos y otras hortalizas y verduras.
Con esfuerzo y con la ayuda de su mamá y su padrastro, caminan dos horas para recoger los frutos de cosecha y luego llevarlos a la plaza del pueblo, los miércoles, sábados y domingos.
“Depende el día, pero a veces hacemos hasta 45 dólares en una sola venta, con eso me siento contenta porque ayudo a mi mamá y con eso yo sé que puedo ir ahorrando porque quiero poner una pupusería y quiero que mi niña estudie y salga adelante”, dice Adela.
Aunque el agresor de Adela volvió a la comunidad y sigue viviendo cerca de ella, ya no tiene miedo y está segura que ella sola puede sacar adelante a su hija, con el apoyo de su mamá.
El resto de los días de la semana, junto a su madre y a su abuela hacen tamales, pastelitos y yuca frita para venderla, entre los vecinos y aportar un poco más a la economía de la familia.
Viven en casa de sus padres, junto a sus ocho hermanos, un hogar evidentemente de condición humilde y de escasos recursos económicos, entre las montañas de La Libertad, pero Adela está segura que si sigue trabajando arduo pronto podrá cumplir uno de sus sueños y ayudar más a su mamá.
Fuente: La Página




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Se necesita un esfuerzo mayor en Educación Sexual para que niños, adolescentes y adultos comprendan que tienen Derechos. Los Derechos Sexuales y Reproductivos se basan en la ausencia de toda clase de violencia, coacción o abuso, se fundamentan en el Respeto por cada persona.
La educación en sexualidad permitirá a niños y adolescentes tomar mejores decisiones para construir una vida sana y responsable, comprender por ejemplo como el alcohol y el maltrato, abuso sexual, enfermedades de transmisión sexual, un embarazo no planeado, entre otros puede alterar su vida, alejándose de sus verdaderos planes de vida. Este caso muestra como los chicos adolescentes abusan del alcohol y sobrepasan el respeto por las chicas abusando de ellas y cómo la sociedad toma una actitud de recriminación hacia la persona Víctima.
La vía esencial de protección contra los abusos es una educación sexual sana para que crezcamos con un conocimiento sin dominios de la sexualidad.
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